Su sueño e ilusión por vestir los colores de la Tricolor iniciaron hace más de un año, cuando acompañaba a su hermana Gipsy a los entrenamientos con la Selección juvenil y escuchaba todas las historias que ella le contaba de lo impresionante que era estar en la Sele. Ahora, Verónica Prieto es seleccionada y forma parte de la Sub 20 femenina.

“Por televisión no pude ver fútbol femenino, recuerdo que teníamos un tele pequeño, pero no era fácil ver el femenino. Fue por mi hermana Gipsy, que fue la primera en llegar a la selección. Yo la acompañaba y la veía entrenar, ella me habla de sus compañeras… A partir de todo eso, me emocioné tanto que yo dije ‘Tengo que estar acá y vivir esto”, dijo la volante de la Tricolor.

Verónica Prieto y su hermana Gipsy Prieto junto al director técnico, Harold López tras quedar campeonas en la eliminatoria Sub 20, Uncaf 2019.

De El Encanto de Cariari de Pococí, Prieto viajaba antes de la emergencia sanitaria más de 200 kilómetros por semana para entrenar con la Selección Nacional e intentar mantenerse en el proceso que la lleve a cumplir un sueño, el mundial Sub 20.

“Empecé a jugar muy pequeña, como a los 9 años, pero nunca estuve en un equipo entrenando hasta que llegué a los 13 años en el colegio y ahí fue donde tuve mis entrenamientos formales. Nunca me esperé llegar tan largo, por eso el hecho de estar acá me enorgullece”, comentó Prieto.

Verónica juega con el Municipal Pococí, en donde comparte pasión con dos de sus hermanas (Gipsy y Kerry).
“Ser profesional es difícil, la constancia y cada detalle cuentan. La verdad cuando llegué aquí no me lo creía y ahora que tengo la posibilidad de estar aquí y ganarme un campo para el mundial, me motiva cada día a ser una mejor persona y a hacer las cosas mejor.

“Ser parte de la Selección es un sentimiento único, solo la persona que está aquí es capaz de entenderlo. El hecho de estar aquí es maravillo, poder defender la camisa, los colores y saber que uno representa a todo un país” añadió.

Ella recuerda además, cómo el amor por el fútbol siempre ha sido heredado; comenzó con su abuelo, a quien le encantaba verlas jugando en el patio de su casa.

“El fútbol siempre ha estado presente, recuerdo que de pequeñas lo hacíamos en el patio de mi abuelo, jugábamos todas las tardes aunque mi abuela siempre se enojaba por las matas, pero mi abuelo amaba vernos jugar unos contra otros, y los domingos con los primos”, contó la seleccionada juvenil.

Es la cuarta de seis hermanos (Génesis, Sinaí, Kerry, Vero, Gipsy y Jafet) y cuenta cómo la pasión por el fútbol siempre ha estado presente en su hogar y cómo de pequeña recuerda una gran anécdota con los balones de fútbol que les regalaban.

“Mi papá siempre le compraba una bola a mi hermano cuando se podía, porque nos duraba muy poco por tanto que la usábamos, y a veces no alcanzaba para comprar otra. Recuerdo que podíamos jugar solo cuando mi hermano no se enojaba, si lo hacía ya no podíamos jugar más porque se llevaba la bola y nos tocaba hacerlas con hojas de papel. Por lo general, se enojaba siempre, tal vez porque éramos buenas y no nos podía ganar, bueno al menos a mí”, comentó entre risas.