Tiene solo 18 años, pero Sergio Céspedes ya acumulaba cientos de entrenamientos en selecciones menores desde antes de estrenar la cédula.

Este defensor, oriundo de Alajuela centro, forma parte de la actual Selección Sub 20. Sin embargo, su recorrido con representaciones nacionales es de vieja data: empezó con la Sub 15 y luego siguió escalando de categoría hasta llegar al peldaño actual.

Céspedes es uno de los jugadores tomado en cuenta por el entrenador Vladimir Quesada, quien alista el grupo para la futura eliminatoria premundialista de Concacaf, que todavía no tiene fecha.

La historia de Sergio empezó, como siempre ocurre en estos casos, en equipos de barrio. De ahí pasó a la Academia Wilmer López en Alajuela, Carmelita y liga menor de Saprissa. En ese punto le llegó la primera convocatoria a una selección.

“Fue un momento de muchísima felicidad, era algo nuevo para mí, pero desde hace tiempo lo estaba deseando. Eso sí, en los primeros entrenamientos terminaba ahogado, porque era un nivel diferente a lo que estaba acostumbrado en los clubes”, relató después de una de las prácticas de esta semana en el Complejo Deportivo Fedefútbol-Plycem.

El zaguero reconoce que estar en selecciones marcó positivamente su vida desde el primer instante. “Es un impacto muy grande, por las enseñanzas que uno recibe aquí. Esta experiencia lo madura a uno como jugador y como persona”.

Y es que, además de desarrollar conceptos tácticos en la cancha, los integrantes del cuerpo técnico refuerzan valores y recomendaciones importantes para muchachos que todavía están en edad de formación. Por ejemplo, en el entrenamiento de este miércoles, el preparador físico José Sánchez brindó una charla sobre la importancia de extremar cuidados contra el Covid 19.

Céspedes milita en el equipo de Liberia, en Liga de Ascenso, lo cual le permite llegar con buen ritmo a los llamados de la selección. Un lujo para los futbolistas de su categoría, que vieron interrumpida su preparación por las restricciones a la liga menor producto de la pandemia.

“Es una bendición estar jugando, después de meses de inactividad. Agarré esa oportunidad en Liberia y me ha ido bien”, añadió.

Sergio va labrando su futuro a dos vías, pues mientras busca hacerse un nombre en el mundo del fútbol, también cursa la carrera de ingeniería informática en la Universidad Hispanoamericana. Sea cual sea el camino definitivo, sabe lo que quiere: ser un hombre de bien para su familia.